Nuestras Genias: Luz Pichel

Comenzamos 2024 estrenando sección mensual, Nuestras Genias. Esta iniciativa de Laura García de Lucas nos permitirá a lo largo de los meses por venir conocer un poco más a nuestras compañeras de Genialogías, a través de una entrevista-formulario que nos desvela pinceladas de la personalidad de cada una. Para la publicación intentaremos seguir un criterio sencillo, el de la antigüedad dentro de la asociación. Y nos estrenamos con nuestra querida Luz Pichel, compañera y también autora de nuestra colección.

Luz Pichel nació en Alén, una pequeñísima aldea del Valle del Deza, en el concello
de Lalín. Estudió Filología entre Santiago y Madrid, vivió dos años en Inglaterra y, desde
1974, tiene su residencia en Madrid, aunque pasa largas temporadas en su pueblo
natal.

Algunas de sus obras son ALÉN ALÉN (Uña rota, 2021), din din don y más
hortensias azules
(Cartonera del escorpión azul, 2020), Casa pechada (2006 – XXVI
Premio Esquío de Poesía), La marca de los potros (2004 – XXIV Premio
hispanoamericano de poesía Juan Ramón Jiménez) o El pájaro mudo (1990 –
Premio Ciudad de Santa Cruz de la Palma), reeditado en la Colección Genialogías
en Ediciones Tigres de Papel.

  1. ¿Tu primer pensamiento esta mañana?
    Soy gallega: depende.
  2. Tu sueño más extraño.
    Era una mujercita muy delgada, rompible como cualquiera. Llevaba vestida
    una caperuza que no era roja, era pajiza, y el cesto de patatas en la mano
    caminando fatigada, mucho, muy cansada. Allá al final la esperan para
    quitarle todas las patatas y comérselas, eran bichos pero después era el
    hombre del caballo. Entonces ella se sienta entre el maizal y el muro y con la
    cabeza entre las rodillas respira muy hondo repetidamente y se hace
    muchísimas preguntas inconcretas que no preguntan nada pero sólo hacía
    preguntarse y preguntarse. Entonces ya no era ella sino una anciana de pelo
    muy blanco con una toquilla negra hecha a ganchillo en punto de garbanzo,
    como las de antes y esparcía por el prado trocitos de queso de cabra y mi
    nieta y mi nieto los iba recogiendo a toda prisa.
  3. ¿Qué libros tienes en tu mesita de noche?
    En la mesilla de noche, siempre libros de amigxs. Se van turnando. Ahora
    mismo están los siguientes: Jara morta, de Ángela Segovia; Rekord, de María
    Salgado; Jarrón y tempestad, de Guadalupe Grande y Serendos obsolinos,
    de Pepe Cáccamo.
  4. ¿Tienes un lugar determinado para escribir?
    No especialmente. Puedo escribir en cualquier parte, pero prefiero mi mesa
    de trabajo. Está en el lugar más luminoso de la casa. Llega un ruidito de
    fondo, tenue, de la terraza de un bar.
  5. ¿Bajo qué pseudónimo publicarías un poemario?
    Lía de la Roseira. Pero mejor dar la cara.
  6. Un poema que hayas memorizado y seas incapaz de olvidar
    Es un fragmento: Yo sueño que estoy aquí/ de estas prisiones cargado, etc.
  7. ¿Un miedo irracional?
    Perder un niño o una niña a mi cargo.
  8. ¿Cuándo te diste cuenta de que querías ser poeta?
    No me acuerdo, fue hace mucho.
  9. Si pudieras alimentarte solo de una cosa sería…
    Podría decir la poesía, pero no es cierto; están antes las patatas y la ternura.
  10. ¿Has sufrido miedo a la página en blanco?
    No. Si no sale no pasa nada.
  11. ¿Qué porcentaje de ti hay en tus poemas?
    Creo que siempre estamos, aunque no lo parezca. Si lo más importante del
    poema es su lenguaje, entonces estoy poquito, porque el lenguaje me lo han
    regalado.
  12. ¿Qué es lo primero que pensaste al conocer la asociación
    Genealogías?
    No me acuerdo, pero, conociéndome, imagino que me dio bastante alegría.
  13. ¿Las mujeres escriben menos que los hombres?
    Tienen menos tiempo, ¿no? Pero te digo una cosa: cuando tienen tiempo
    escriben más. Las que somos o fuimos profes sabemos que las chicas son
    más trabajadoras. Eso lo reconoce todo el claustro.
  14. ¿A qué tres poetas (vivas o muertas) invitarías a cenar?
    A Guadalupe Grande, a Luisa Castro y a Olalla Cociña (a las tres juntas) y te
    digo por qué: la poesía iba a estar sentada a la mesa, pero íbamos a hablar
    de otras cosas, seguro, y podríamos callarnos y no decir nada por un rato
    (importante) sin que ninguna se pusiera nerviosa.
  15. Si sólo pudieras salvar un libro…
    En ese caso, daría igual, ese también se iba a perder. Pero puestas a
    fantasear, seamos sinceras: el inédito mío, claro, a ver! Insisto: no serviría de
    nada.
  16. ¿Poeta o poetisa?
    Pues a lo mejor no te gusta lo que voy a decir: yo, poetisa, con la cabeza bien
    alta. Así lo hicieron los “modernistas”, los “culteranos”, etc., etc. Eso con lo que
    pretenden ridiculizarme, eso me honra.
  17. Llegamos a su casa sin avisar, ¿qué nos ofreces?
    Agua del grifo (iba a decir “de la fuente”, ya ya.). Después, a lo mejor,
    improvisaba unas filloas o bajaba a comprar algo.
  18. Tu libro favorito de la colección Genealogías.
    Nunca diré que quiero más a papá que a mamá.
  19. ¿Cómo es su proceso de trabajo?
    Cuanto más obsesivamente lo pueda hacer, mejor. Me gusta perderme y que
    pasen las horas sin darme cuenta. Cuando ya no puedo más, me pongo a
    leer. También me gusta tener temporadas largas en que no escribo y sólo
    hago leer.
  20. Si escribieras un poemario a cuatro manos con una compañera de la
    asociación, ¿con quién la harías?
    Con tres de las compañeras, echándolo a suertes. Ya sabes: papá y mamá
    por igual.
  21. ¿Qué mensaje llevarías en una camiseta?
    Lo he dicho en un poema: La tierra onde dormides / guarda el calor.
  22. Recomiéndanos una poeta y su obra.
    Recomendaría muchos libros, pero de los que he leído hace poco, hay uno
    que me entusiasmó: Blanco de blanco, de Athena Farrokhzad (Teherán 1983,
    radicada en Suecia), editado por Kriller71.

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