Nacida en Valencia y afincada en Madrid, es escritora desde que las dominicas le enseñaron a leer con cinco años, o, al menos, ella ya lo creía. Profesionalmente, es periodista y editora, y su carrera ha estado ligada sobre todo a la creación de materiales educativos, dentro de las principales empresas del sector (Santillana, SM, Universidad Europea…).
Ha publicado Atreverse al mar (Premio Asociación de Editores de Poesía 2008), 55 minutos (2012, finalista del Premio Leonor, finalista del Ciudad de Jaén), Otomanía (2015) y City (2020). También es autora del libro de relatos Guibli (Ed. Huerga y Fierro 2017), y ganadora de varios premios de narrativa breve.
En este momento está afilando los lápices para dedicar ejemplares de su nuevo poemario La caja de costura, editado por Tigres de Papel.
- ¿Tu primer pensamiento esta mañana?
Suelo despertar pensando si será lo bastante temprano para bajar a ver amanecer. Hay quien dice que el sol sale por el Este, pero en realidad sale justo enfrente de mi casa.
- Tu sueño más extraño.
Es un sueño recurrente y, aunque es distinto cada vez, el relato es el mismo. Me preparo para una guerra, una batalla, algo terrible que está a punto de suceder, y reviso mis armas, preparo trampas y estrategias de evasión, calculo mis posibilidades… Sin embargo, no siento miedo ni es una pesadilla, esto es lo más curioso.
- ¿Qué libros tienes en tu mesita de noche?
Habitualmente tengo una pequeña pila con las deudas lectoras más urgentes. Estos meses me ha acompañado el Libro mediterráneo de los muertos, de Mari Ángeles Pérez López, para una segunda lectura; Cierva como mi muerte, de Eva Yárnoz, en una preciosa edición cartonera, y el último de Jesús Bonilla, Arboretum. Pero, sin duda, este ha sido el verano de Lucia Berlín.
- ¿Tienes un lugar determinado para escribir?
Nueve meses al año escribo en la buhardilla, donde sólo los gatos me visitan. Los meses cálidos soy una refugiada climática y me desplazo con mi portátil por diferentes lugares en sombra, de mi casa y del mundo.
- ¿Bajo qué pseudónimo publicarías un poemario?
En mi caso, sería el seudónimo de un seudónimo, lo que es demasiado literario incluso para mí. De haberme atrevido, me habría gustado firmar mis libros con una simple inicial, Ana K. era la opción que más me gustaba. Me alegro de no haberme decidido a hacerlo, porque el destino tenía otros planes para mí.
- Un poema que hayas memorizado y seas incapaz de olvidar.
Un poema de Manuel Altolaguirre, un poeta que descubrí a los quince años . Sus últimos versos dicen:
Le has dado a mi semblante, sin saberlo,
una luz interior que me hace fuerte
para vencer mayores soledades.
- ¿Un miedo irracional?
Me asustan pocas cosas y son todas terriblemente racionales.
- ¿Cuándo te diste cuenta de que querías ser poeta?
Descubrí que sería escritora de niña, pero, aunque escribía cancioncitas y pequeñas rimas cursis con facilidad, no supe que era poeta hasta que tuve algo auténtico, íntimo y personal que decir, algo que no podía ser simplemente contado, que requería de otras dimensiones. Esto sucedió en la adolescencia.
- Si pudieras alimentarte solo de una cosa sería…
Me gusta la dieta espartana, pan, queso y aceitunas. Pero seguramente me inclinaría por algo menos sano, como magdalenas o suspiros. Esos dos extremos me definen bastante bien.
- ¿Has sufrido miedo a la página en blanco?
He sufrido y sufro el miedo a llenar las páginas con cosas menos valiosas que el silencio, pero a la página en blanco, no todavía.
- ¿Qué porcentaje de ti hay en tus poemas?
Hay un cien por cien de mí en todo lo que escribo, en todo lo que hago y en cada disfraz que escojo. Especialmente en lo menos evidente.
- ¿Qué es lo primero que pensaste al conocer la asociación Genialogías?
Pensé, y acertaba, que sería un espacio para aprender algo importante que desconocía, que es la voz de mis ancestras. Ese desconocimiento, consciente e inconscientemente, era una tara severa, y subsanarla entiendo que me llevará toda la vida, pero estoy en el lugar adecuado.
- ¿Las mujeres escriben menos que los hombres?
Siempre me ha parecido que era justo al revés. La diferencia es que a ellos les ha gustado más leer su obra en voz alta, escucharse los unos a los otros, escribir sobre la obra de sus camaradas, publicarla, antologarla, premiarla, han encontrado más facilidades para crear empresas y negocios editoriales… Que la obra de las poetas haya tenido menos visibilidad no significa que hayan escrito menos.
- ¿A qué tres poetas (vivas o muertas) invitarías a cenar?
A Gloria Fuertes, porque me gusta disfrutar de las cenas, comer, beber, charlar, reír. A Paca Aguirre, por lo mismo y para poder escuchar aún las historias increíbles de su vida; algo en ella y en su obra me sigue transmitiendo ternura y admiración, a partes iguales. Y a Elvira Daudet, porque era una conversadora fascinante y porque la echo tanto de menos… Con tres mujeres así a mi mesa hubiera sido yo una camarera silenciosa y feliz.
- Si solo pudieras salvar un libro…
¡Tendría que ser un libro inmenso…! Quizá la Biblia, porque son setenta y tres libros, algunos de ellos de poesía, otros de relatos, siempre encontraría algo acorde a mi humor. O los Diarios Completos de Anais Nin. ¿En busca del tiempo perdido, de Proust, podemos considerarlo un solo libro, verdad? Pero, si no puedo hacer trampas, diré que Madame Bovary.
- ¿Poeta o poetisa?
Aunque me parece un falso debate, no me gusta la palabra poetisa, siempre he preferido poeta. Pero no estoy peleada con el término; decenas de grandes poetisas han llegado a mi vida para desfacer el entuerto.
- Llegamos a su casa sin avisar, ¿qué nos ofreces?
Seguramente conversación, queso, aceitunas y vermut.
- Tu libro favorito de la colección Genialogías.
Itaca, de Paca Aguirre.
- ¿Cómo es su proceso de trabajo?
En verso, inacabable, circular, extenuante. Parte siempre de la luz y de la inspiración, y se sigue de una corrección y una duda infinitas.
- Si escribieras un poemario a cuatro manos con una compañera de la asociación, ¿con quién la harías?
Hay muchas compañeras con las que no me importaría escribir a medias, muchas… Quizás con Luz Pichel, porque su manera particular de escribir sería siempre una provocación y una invitación al juego para mí, una llamada a lo inesperado, y eso siempre me es apetecible. Helena Rodríguez es otra mujer de efectos sorprendentes en sus poemas, con la que haría buenas migas en un libro.
- ¿Qué mensaje llevarías en una camiseta?
Sin duda, Desde el río y hasta el mar. No podemos cerrar los ojos a Palestina, ese país menguante que desaparecerá en pocos años, que será un recuerdo si no media un milagro. Tenemos el deber de mirar este horror.
- Recomiéndanos una poeta y su obra.
Talar un nogal, de Marta López Luaces (Tigres de Papel, 2022). Marta es una poeta que proviene de una cultura distinta, una gallega que vive en Estados Unidos desde niña, y esto se nota en sus puntos de vista, sus formas de decir. Talar un nogal se divide en tres partes, y cada una es en sí un solo poema con la forma de un salmo responsorial: Talar un nogal, Matar un animal y Asesinar una mujer. Su altura lírica dentro de la hondura de la denuncia, y ese aire casi eclesial, pero ausente de fe, que baña el libro me impresionaron. Muy recomendable y necesario.
La Caja de costura (Tigres de Papel, 2024)
No me enseñé a cortar, tomar
medida del instante. Soy la dueña
de un cuerpo sin costura.
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Agua soy, su engañosa
cualidad transparente.
Pero en el movimiento
turbia como agua soy,
aun hecha de la misma
límpida coincidencia.
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Lo plantamos a ciegas.
Nadie conoce su nombre de árbol
hasta el abril en que, por sobre nuestras dudas,
rompe en flores carnales a sangrar.
Jacaranda
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El desierto es un rubio animal ciego
que se mira en el sol
y lo adelgaza.

