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Mª Ángeles Pérez López presenta «Fiebre y compasión de los metales» en Madrid

El próximo 16 de marzo, la poeta María Ángeles Pérez López presentará su poemario «Fiebre y compasión de los metales» (Vaso Roto, 2016) en la Librería Alberti de Madrid (19.30 horas). En la presentación intervendrá el también poeta Juan Carlos Mestre.

Al día siguiente, habrá otra presentación del libro en el Auditorio del Centro de la Fundación Centro de Poesía José Hierro de Getafe (FCPJH, Madrid), dentro del ciclo Panorama Literario. Será también a las 19.30.

María Ángeles Pérez López (Valladolid, 1967) es poeta y profesora titular de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Salamanca. Ha publicado los libros Tratado sobre la geografía del desastre (1997), La sola materia (Premio Tardor, 1998), Carnalidad del frío (Premio de Poesía Ciudad de Badajoz, 2000), La ausente (2004) y Atavío y puñal (2012), así como las plaquettes El ángel de la ira (1999) y Pasión vertical (2007). Antologías de su obra han sido publicadas en Caracas, México, Quito, Nueva York, Monterrey y Bogotá. Poemas suyos están publicados en numerosas revistas y antologías, y varios de ellos han sido traducidos a diversos idiomas (gallego, inglés, francés, italiano, neerlandés y armenio). También ha sido jurado de destacados premios literarios: Premio Reina Sofía, Premio Cervantes, Premio José Donoso y Premio de Poesía Iberoamericana de Tegucigalpa.

Sobre «Fiebre y compasión de los metales» ha escrito Juan Carlos Mestre:

«Tajo y dulzura,  fiebre y sed de relámpago. Así está en este libro la consolación sobre las ordenaciones del tiempo, la geometría del espacio como recuerdo de cuanto ya solo es vacío en la sinagoga de la espiga, en la clausura simbólica que se abre hacia la duración al salmo, el poema como pan de lo profano, el pan envilecido y harapiento si lo amasó la usura, el pan solar que imanta con su hambre de significados todas las categorías del saber y otorga integridad poética a la disertación del mundo. Es la otredad del mendigo extranjero de sí mismo, aquel cuyo rostro en fuga busca la corporeidad de su otro yo en el símbolo y halla en el habla su ya única y más perdurable pertenencia. Agua y ángel. El hilo del cabello que enhebra el ojo espiritual de las genealogías y su ascendencia fecundante con lo sidéreo, la conexión con la oquedad y su reverberación hacia la vida. La poeta existe en la isla de su lámpara, ella y su escritura traslucen cuanto de profundidad intransferible habita en las especies de lo verdadero, las que otorgan naturaleza de razón con su yo poético a la nada subjetiva, esa alianza con la primitiva simplicidad del saber que se hace presente aquí como aspiración de la mirada, escritura del mundo que a través de la palabra se transforma, revela, dignifica. Voces de consolación y voces creadoras de voluntad de resistencia, de turbadora delicadeza ante la indiferente monotonía del dolor civil. Es en ese hueco donde la palabra de la poeta da nacimiento al poema como destino de un lugar buscado, una topofilia del amor y el lugar de la ayuda, de las condensaciones morales del auxilio y el rejuvenecimiento ideológico de los dones esperanzadores, de la piedad ciudadana como figuración crítica de la benignidad frente a la carencia y lo ominoso. Filos. Herraduras. Campanas. Cuchillas en el mito del fuego, bajo las amplificantes vocales que dan argumento musical a la razón y renuevan la filosofía del lenguaje como la más bella de las conductas de la humanidad.»

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