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Germanía publica ‘Esbozos’, el sexto poemario de Mar Busquets-Mataix

Mar Busquets-Mataix (1966), poeta española nacida en Santiago de Chile. Ha escrito novela, crítica literaria y demás géneros, pero una fuerte vocación le hace sentirse poeta por encima de todas las cosas. Desde su infancia, reside en la ciudad del Turia y es allí donde estudió Filología Hispánica y Comunicación Audiovisual.

Ambas disciplinas, la palabra y la imagen, son dos objetivos que se imbrican, en una poética ya diseminada a lo largo de seis volúmenes. Los poemarios La pausa (1992) y Los hombres de paja (1996) resultaron ser los comienzos de esta autora, quien consiguió con ellos una gran aceptación entre la crítica. Un tercer poemario, publicado en la década de los noventa, La curva del aire (1997) reafirmó la voz de la poeta en el panorama literario de la época y la consagró y curtió al tiempo que contribuyó a su desarrollo personal.

Con su anterior poemario, Humanos (Els llibres de l’Argila, 2013), la autora ganó el premio Gabriel Miró de poesía 2011. También ha ganado el Vila d’Almussafes (1996) y el Premio Valle-Inclán de la Universidad de Bilbao (1994) entre otros. El pasado 23 de mayo de 2014, Mar Busquets presentó Esbozos en Valencia, concretamente en el Colegio Mayor Rector Peset, y los escritores y poetas Blas Muñoz Pizarro y María Teresa Espasa, prologuista y mentora, respectivamente, fueron los encargados de presentarlo.

En Esbozos, según Blas Muñoz, la autora desarrolla líneas argumentales ya apuntadas en su poemario anterior, como también la utilización de técnicas poéticas que hermanan ambos libros y sugieren un vínculo invisible que de alguna forma se continúa en los versos.

El poemario se estructura en cuatro partes: La mirada, Esbozos, El cuerpo y Albada. Bloques que corresponden a las diversas estadías de un amor, en el más completo sentido de la palabra, que nace de la contemplación, para pasar al ensueño y más tarde culminar en la carne; motivo por el cual, la última parte que lleva por título Albada, está llena de melancolía y angustia por la llegada de ese imparable amanecer que separa a los amantes.

Una cita de Cioran abre los versos exonerando de culpa a la voluntad humana, que se ve en todo momento obligada, en el acontecer de la obra poética, por la fuerza de un sentimiento henchido de deseo que trasciende toda fortaleza.

Busquets-Mataix vehicula sus emociones a través de un hablante lírico femenino, para ello, utiliza poemas cortos, de versos —por lo general— breves, pero ungidos de un lirismo cercano a lo religioso. Los versos son en su mayoría blancos, aunque podamos encontrar asonancias por lo libre del verso y consonancias por la iteración —casi siempre— tanto de palabras, como de versos que repiten una forma fija.

Así, y para comenzar un diálogo poético entre el alter ego de la autora y el sujeto de su catarsis amorosa, es la figura masculina, contemplado a modo de dios, quien protagoniza con su voz el primer poema, y para distinguirlo, la poeta escribe sus versos en cursiva. Dicha caligrafía, y por tanto el discurso del ente masculino, irá apareciendo en breves pinceladas a lo largo del poemario, como una intermitente segunda voz lírica, tanto es así, que en el tercer bloque, el arquetípico amador, gozará de nuevo con la totalidad de un poema para expresar la tempestuosa musicalidad de su fuego interno.

El primer bloque está compuesto por cinco poemas, todos ellos sin título, y en lugar de transcribir la apreciación subjetiva de una mirada, como parece anunciar el título, habla —en los dos primeros poemas— de la procedencia del ente masculino, de la fragilidad de ambos, de la idolatría de ella hacia él, la autora poetiza de manera sentimental y pretérita, la nostalgia implícita en la antesala de un amor posible.

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