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#DíadelasEscritoras: Ellas tienen la palabra

La historia de la literatura escrita por mujeres es una historia de olvidos. A estas alturas, pocos pueden negar esta frase hecha. Basta acercarse a las cifras de los premios más prestigiosos para apreciar que la mujer sigue sin tener una consideración justa. Los datos no son nuevos. Pero por desgracia no varían. Entre el centenar de ganadores del Nobel sólo figuran 16 escritoras. En el caso español, únicamente dos se han llevado el Nacional de Narrativa, Carmen Martín Gaite y Carme Riera.

Ocurre lo mismo con el Cervantes, cuatro narradoras hasta la fecha (Dulce María Loynaz, María Zambrano, Ana María Matute y Elena Poniatowska). Por otra parte, en la RAE sigue habiendo nada más que ocho académicas de 44 miembros; 11 de casi 500 en toda la historia de la institución. El descuido también inunda otros terrenos, como las listas de los mejores libros del año.

Para paliar estos dislates ha surgido este año el Día de las Escritoras, una iniciativa de la Biblioteca Nacional, la Asociación Clásicas y Modernas y la Federación de Mujeres Directivas. Entre los actos programados, una lectura de 30 narradoras este lunes a las 19.30 horas en el Auditorio de la BNE.

Sin embargo, nunca se ha hablado tanto como hoy de literatura escrita por (no para) mujeres y feminista. El éxito de autoras como Caitlin Moran y sus libros Cómo se hace una chica y Cómo ser una mujer (ambos publicadas en Anagrama), el abrazo de varias generaciones al activismo mediático y desacomplejado de la productora, escritora y directora Lena Dunham o a la cómica y también guionista Amy Schumer, la constante reedición de clásicos como Un cuarto propio de Virginia Woolf, la aparición de clubes de lectura feminista, la existencia de jóvenes muy jóvenes reivindicando a Elizabeth Bishop y a Alejandra Pizarnik, de la que Lumen publica ahora su Poesía Completa. Son hechos que han provocado no sólo el aumento de estos textos sino su salto de las revistas femeninas a los diarios generalistas; de la última esquina de secciones especializadas a las mesas de novedades.

La vuelta del verano trajo consigo un runrún de títulos de esta temática en tanto que varios medios se apresuraban a hablar de un supuesto boom. En Capitán Swing han editado recientemente Los hombres me explican cosas, de Rebecca Solnit, que ha convertido en la palabra de la temporada el mansplaining (disertaciones condescendientes de los varones hacia las mujeres a fin de que las segundas entiendan algo que ellos creen que desconocen). La misma editorial lanza en noviembre Mala feminista, de Roxane Gay, que abunda en el tema de la escasa presencia femenina en las críticas literarias, entre otros males, y que se hace preguntas sobre esta militancia. ¿Más? Las chicas, de Enmma Cline, Solterona, de Kate Bolick

En Alpha Decay lanzarán en breve Mi vida en la carretera, las memorias de la feminista Gloria Steinem. La fundadora de este sello, Ana S. Pareja, reconoce que estamos en racha en lo que se refiere a bestsellers de calidad escritos por mujeres. «Acciones como el club de lecturas feministas capitaneado por Emma Watson o las recomendaciones de libros escritos por mujeres de otras mujeres con enorme alcance mediático están favoreciendo la visibilidad de algunas autoras».

No obstante, prosigue la editora, estas circunstancias no se han traducido en una mayor igualdad: «Las estadísticas que revisé en 2014 a raíz del Year of Women Writers no eran muy alentadoras. Sigue habiendo un porcentaje muy inferior no sólo de mujeres que publican sino de mujeres que ejercen la crítica literaria y de libros escritos por mujeres reseñados en los medios tradicionales».

Coincide con ella la escritora Laura Freixas, presidenta de Clásicas y Modernas: «Es un espejismo que el papel de la mujer en la literatura haya aumentado. Los premios de prestigio son un buen termómetro para demostrar que no ha sido así. Es cierto que hay algunas escritoras que venden mucho pero como lo hacen algunos escritores. Sin embargo, corre la idea de que las mujeres vendemos más, lo cual nos asocia a una literatura comercial y, por tanto, de menor calidad. De igual manera, somos reconocidas en los premios más populares pero no en los de prestigio. Y es grave, porque no es el Planeta lo que van a leer nuestros nietos». Precisamente, este domingo se alzó con el Premio Planeta la escritora Dolores Redondo.

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